HACE UNOS DIAS PLATICANDO CON UN TRABAJADOR DE LA CONSTRUCCION (ALBAÑIL) SOBRE EL PUENTE QUE SE CAYO EN MINEAPOLIS ME DECIA “SE CAYO PORQUE LES FALTO ECHARLE LOS MUERTITOS PA QUE LAS COLUMNAS AMARRARAN”, YO OBVIAMENTE ME DOBLE DE LA RISA PERO LA SERIEDAD DE ESTE SEÑOR ME HIZO PONER ATENCION A SUS RELATOS EN LOS QUE EL INGENIERO O ARQUITECTO QUE DIRIGE UNA OBRA DE GRAN MAGNITUD SIEMPRE HACE PACTO CON EL DIABLO PARA QUE SU OBRA NO SE VENGA ABAJO ENTREGANDO A CAMBIO VIDAS HUMANAS QUE QUEDAN SEPULTADAS O EMPAREDADAS EN LA OBRA, CIERTO O NO SE CUENTAN MUCHAS HISTORIAS ENTRE ELLAS ME ENCONTRE ESTAS DE AQUI DE TOLUCA…
Cuando se construyó el mercado Juárez en Toluca; unos meses después de inaugurado se cayó una de las naves y la gente dijo que había sido obra del demonio que se aparecía todas las noches exigiendo un precio de treinta hombres o diez niños que deberían quedar emparedados en la construcción para que ésta no se viniera abajo. El velador del mercado fue atacado por un charro negro ( el Diablo) quien lo dejó sin cabello y con varios arañazos en la cara y en el cuerpo a consecuencia de los cuales murió días después. Esto sucedió en Toluca en 1973.
 
Se cuenta que antiguamente había cerca de la ciudad de Toluca una hacienda llamada “La Garceza” la cual ahora ha pasado a ser el Seminario Conciliar de Toluca y abarca gran parté de lo que son los ejidos de Capultitlán. Los dueños de la hacienda dijeron que era preciso hacer una presa, planearon su construcción y ésta empezó. El primer día de trabajo avanzaron algo pero al otro día que fueron a seguir con la construcción vieron que lo que habían hecho el día anterior, estaba caído.
Unos opinaron que habían sido algunas personas las que lo habían tirado, otros que había sido el aire y sin darle importancia siguieron trabajando. Al otro día se encontraron que lo que habían hecho el día anterior estaba otra vez tirado y esto llamó su atención.
El dueño de la hacienda ordenó a un trabajador de su confianza que se quedara a ver quién iba a tirar la construcción.
El trabajador así lo hizo y al otro día llegó con su patrón y le dijo que mientras vigilaba se le había aparecido el Diablo y que le había dicho que si no emparedaban allí a cuatro hombres, la construcción se vendría siempre abajo.
El dueño de la hacienda encontró la forma de hacer tal cosa y mandó traer a cuatro trabajadores humildes y los emborrachó pero para esto ya tenía preparados a los albañiles que iban a hacer este trabajo. Puso a dos de un lado de la compuerta ya los otros dos del otro lado.
Sólo así se pudo terminarla construcción de la presa. Ahora “El Tanque” ya no tiene mucha agua y ha servido para la cría de peces en poca escala.